Estimado Eduardo,

Escribo estas líneas para expresarte mi admiración y sincero respeto por la talla de tu villanía. Eres un maestro, un referente, un hito en el prolífico mundo de los infames y del crimen organizado. Incluso en España, país donde los de tu calaña proliferan como bacterias en un  jugoso y maloliente pedazo de mierda, te has destacado con matrícula Cum Laude.

¡Qué manera de robar a dos manos dinero público y privado! ¡Qué maravillosa desfachatez haciéndolo en público, sin esconderte ¡Qué maestría del engaño a dos bandas, de la ilusión única! Mientras con la diestra robabas lo que querías a la vista de todos y bajo el beneplácito oficial de unos ministrillos adeptos a tu gremio de ladrones, con la zurda robabas el doble, el triple o el cuádruple. Robabas a todos y a tu organización. Al final todo iba a tu bolsillo. Genio. Artista. Sublime.

No se por cuál de tus magníficos logros admirarme más. Por la creación de la SGAE, un villano necesario, odiado por todos pero intocable o por el uso de esta, como una máscara externa, para estafar, de nuevo a todos. Como bien dice el refranero coloquial has conseguido que nuestra sociedad de la información española, discúlpame el dislate, sea cornuda y apaleada. Les has jodido dos veces sin que lo sepa. Cuanta bajeza. Admirable.

El otro logro que me gustaría destacar en esta misiva, oh villano de villano, señor de los deplorables y rey tuerto en el país de los ciegos, es tu habilidad infame de marionetista de personajes mediocres. Tus artistas. Tus queridos creadores. Les diste ego, les diste ínfulas de grandeza y les diste por el culo. Ese Ramoncín, cuyo máximo logro es ser Rey del Pollo Frito, reconvertido en juez Salomón del mundo artístico, debe ser un orgullo para ti. Y la marcha de tu pupilo, de tu escudo, de tu chivo expiatorio no supuso ni el más mínimo reparo para la mafia del CD que habías creado. Buscaste a otro, Caco Senante, todavía peor aún que el primero. Un afecto al régimen al que se le hinchan los carrillos cuando da la bienvenida a la casa de los autores que hiede a mojo picón. O ese Alejandro Sanz, que por no saber no sabe ni cantar ni hablar castellano correctamente, utilizando, en tu nombre, el twitter para defender una ley mientras Hacienda le persigue por no pagar los impuestos en este país. Que caterva de iletrados pusiste a danzar bajo tu malévola genialidad.

Pero amigo Teddy, permíteme que te tutee rey de los diablos, tu gran obra maestra, aquella que perdurará para siempre, será el Canón Digital.  ¿Cómo pudiste conseguir que la sociedad entera se tragase semenjante estafa? El concepto de precrimen llevado a la máxima expresión. Pagar un coste extra para compensar un presunto delito que se pudiese hacer con ese producto es una maravilla de la ingeniería archivillana. Es el rayo de la muerte de la estafa organizada y legalizada. Eres un maldito genio Teddy. Formas parte de la historia.

Me despido ya de ti, pérfido Shylock a la española, brindado por tu sistema recaudatorio, por tus medidas de dictador totalitario, por esos conciertos benéficos grabados, esos cobros en bodas y en peluquerías, esos agentes persiguiendo autobuses para ver si tenían el vídeo encendido, esos detectives infiltrados en funciones escolares grabando con su teléfono para luego pasar la cesta. Te mereces un libro de Mario Puzo y una película de Coppola.

Eres uno de los mayores hijos de la gran **** que ha visto nacer este país. Y eso es mucho decir.

Gracias por existir.

Fdo: Charles Montogomery Burns