A pesar de los exabruptos que solemos soltar por este blog, hemos querido mordernos la lengua y no meter el cazo en este tema del fin de ETA. Después de todo estamos hablando de cientos de muertos. O precisamente por ese motivo deberíamos escribir de manera recta, firme y dejar claro que lo que digan los seis dignatarios que ayer se pasaron a comer kokotxas por la Concha, nos ofende. Parafraseando a Pons, con el que estamos de acuerdo, “no tienen ni puñetera idea”.
Ayer vinieron a cubrirse de gloria y de dinero vasco con una conferencia basura, organizada por basura y cuyo destino era basura. Lo que digan estos seis gilipollas, ¿qué narices sabrá una noruega de España?, solo sirve para remover ese cubo de mierda del que se alimentan tantos y tantos. Curiosamente, tal día como ayer, una niña llamada Irene Villa sufrió un brutal atentado y quedó marcada. Irene es, a su pesar, el símbolo del terrorismo y de la lucha.
Porque si hay una lucha, una lucha para meter a todos los asesinos y criminales en la cárcel. El terrorismo es un delito, el peor delito del mundo. Si los de ETA se quieren entregar que se entreguen, perfecto. Y que pasen por la cárcel cumpliendo lo que cualquier otro cumpliría, es decir, su pena. Sin perdón, sin clemencia. La misma que tuvieron matando militares, policías, guardia civiles y ciudadanos.
Así que esos señores que se pasan por San Sebastián se irán con el bolsillo caliente y habrán cumplido su cometido: volver a meter a la serpiente en la agenda. En una reunión que ni siquiera el Gobierno, bien, se dignó a respaldar. Aquí la cosa está clara. Ni disolución, ni pollas en vinagre. Que se entreguen y que cumplan. Ellos y los que los alimentan. Y los mártires que les lloran, que se jodan. Como se joden todos aquellos que no pueden dormir por las noches porque a los gudaris les dio por jugar con dinamita.
Sobre la consulta popular que queda tan bien en el papel, solo una anotación. Que hagan una consulta popular a toda España, no sólo en una Comunidad Autónoma, a ver que opinamos sobre ETA. A lo mejor se sorprenden de saber que la mayoría queremos mandarlos al fondo del mar, a ellos, a sus filiales y los hijos de puta que se tragaron la mentira de Sabino Arana. Arrepentido, eso sí, en su lecho de muerte.



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